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EL PULPO MEDINA Y SUS TENTÁCULOS

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“Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal
resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable.”
CICERÓN


Los ojos se me querían cerrar por el sueño, pero no podía. Miraba el televisor atenta a la audiencia de unos de los casos más fuertes de posible corrupción que se han destapado en la República Dominicana. El país se paralizó por tres días esperando el final de esta película digna de Netflix, queriendo ver qué tan ciertas serían las imputaciones penales que haría un equipo especializado de fiscales, y si ciertamente los señalados como delincuentes eran unos depredadores del Estado, cuya supuesta acumulación de riquezas se debió al tráfico de influencias que da el poder omnímodo de ser familia del primer mandatario de una nación.

Se habla de un grupo que habría estafado al Estado en dimensiones mayúsculas, y cuya cabeza principal -hasta ahora- es Alexis Medina Sánchez, hermano del ex presidente de la República Dominicana, Danilo Medina Sánchez. La operación montada por la Procuraduría General de la República Dominicana (PGR) recibió el nombre de Antipulpo, haciendo alusión a que se investiga a una sociedad criminal organizada cuyos tentáculos habrían llegado a importantes organismos del Estado Dominicano, tales como el Fondo Patrimonial de las Empresas Reformadas (FONPER) y la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE), y que se hicieron millonarios presentándose como contratistas cuando la ley no se los permitía por el impedimento familiar.

La cabeza del pulpo es Alexis Medina Sánchez, y los tentáculos son diferentes funcionarios públicos que lo ayudaron a orquestar su plan criminal. Todos fueron sentados en la sala del Primer Tribunal Colegiado del Distrito Nacional para que respondieran por los hechos de asociación de malhechores, estafa contra el Estado, colusión de funcionarios y lavado de activos. Allí, la Procuradora General Adjunta, Yeni Berenice Reynoso, no se detendría hasta lograr que la medida de coerción consistente en prisión preventiva les fuera impuesta.

Comencé a ver la audiencia después que ya había comenzado. En ese momento vi a un abogado pedir la suspensión del conocimiento de esta bajo el alegato de que no había podido reunirse con su cliente para hablar de lo que se le imputaba en las 267 páginas que constituyen el engranaje acusatorio de la fiscalía. El juez le respondió que hacia una semana les había dicho a los abogados que decidieran el tiempo que necesitaban para estudiar el expediente y que ahora no podían venir pidiendo eso. En ese momento sentí que las cosas no saldrían bien, porque el derecho de defensa no funciona así. En el caso Loaiza Tamayo, la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (Corte IDH) ha establecido que “de acuerdo a la Corte, el derecho de defensa… solo será posible si la persona detenida cuenta con el tiempo y lugar adecuado para entrevistarse con su patrocinado, sin demora, sin interferencias, sin censura y en forma plenamente confidencial “. Vista la posición de la Corte IDH, jamás podía el juez hacer vulneración del sagrado derecho de defensa cuando el abogado le dijo que no había podido hablar con su cliente porque no se daban las condiciones para hacerlo de una manera eficaz.

Aun así, la audiencia prosiguió su agitado y rocambolesco curso. Comenzaron los fiscales a leer el escrito de imputación de 267 páginas. Aquello iba cansando a todos los presentes y los televidentes. Es entonces que el juez Alejandro Vargas le dice a la fiscalía que si es posible resumir y decir puntualmente qué se le imputaba a cada persona. Me puse a pensar, mientras veía toda esta violación flagrante de derechos, que en eso el juzgador estaba correcto. Había parado a los fiscales porque ni él mismo los estaba entendiendo. Imputar o acusar a una persona siempre debe ser en términos llanos y sencillos, a los fines de que se pueda defender. Debe ser, mínimo, humana y gramáticamente entendible para un ciudadano que no sabe de leyes.

Habiendo el juez pedido a los fiscales que fueran puntuales en la imputación, estos se enfocaban en dar un discurso que abarcaba situaciones que no tenían nada de importancia y que solo hacía que el tiempo se fuera diluyendo, yéndose así el deseo del juez de terminar la audiencia antes de las 7 de la noche, porque él no tenía permiso por el toque de queda y, según él, fácilmente amanecía preso en un cuartel de policía.

La fiscalía hizo lo que quiso en esa audiencia. La fiscal que llevaba el mambo se comportó de manera estrepitosa, arrogante, incendiaria, aplastante. Sin tener turno para hablar, interrumpía cuando un abogado estaba dando su discurso. Parecía que nadie la iba a parar hasta que llegó un abogado tan santiaguero como ella y la paró en seco. Comenzaron los dimes y diretes, pues esta señora dirigía la audiencia del juez, haciendo lo que le venía en gana, mientras el juez la complacía en sus caprichos, permitiéndole hasta retar a los togados diciéndole que ella era santiaguera y que se iba a encargar de todos en cualquier escenario.

Cuando el juez ya no pudo más, entonces tuvo que irla frenando poco a poco. Los abogados comenzaron a despertar de su letargo y a cantar ¡Objeción!. Un abogado llegó a llamarla sirena y bruja hechicera, pero si el canto y los polvos de la Yeni los había hipnotizado a todos es porque ellos lo permitieron. El antídoto para ese tipo de perversidad de la fiscalía es frenar a tiempo, pero incluso, muchas de ellas fueron propiciadas por los mismos defensores técnicos. Solo hay que ver que la defensa decidió que la fiscalía no leyera la imputación para que la audiencia se terminara temprano, situación inaceptable en el debido proceso de ley. Suerte que el juez fue comedido y dijo que el Ministerio Público, por lo menos, debía leer de manera breve lo que le endilgada a cada imputado.
No quiero dejar de plasmar aquí las ironías del juez Vargas, quien junto a Yeni Berenice Reynoso, hicieron de esa audiencia un espectáculo. El que vio la audiencia del Antipulpo pudo escuchar cuando el juez le pregunto a uno de los imputados “pero usted es millonario y no lo sabe” o decirle al imputado Freddy Hidalgo que “usted es menos curioso que yo”, cuando le preguntó que quién había subido un video a las redes donde a este se le veía en ropa de cama y el imputado le respondió que no sabía. Esta última situación no fue utilizada por la defensa técnica, la cual hubiera dado mucha tela por donde cortar para demostrar que posiblemente al imputado se le había violentado su dignidad personal al exhibirlo frente a otras personas en paños menores, y máxime, cuando el juez evidenció que lo había visto en las redes viralizado. La Yeni se fue más lejos al decir de un imputado que este tenía una villa donde llevaba mujeres, no importándole que este señor es casado y que pone en peligro la estabilidad de un matrimonio. La frescura maliciosa de esta fiscal, simplemente, no tiene límites.
De ser una solicitud de audiencia de medida de coerción, esta se convirtió en un juicio de fondo por los debates innecesarios que surgieron por el protagonismo de la fiscalía. Muchos abogados llegamos a la conclusión que una audiencia de este tipo se sancocha en menos de 20 minutos cuando es a un pobre diablo al que un fiscal quiere darle prisión preventiva. Difícil encontrar a un juez en una medida de coerción que te permita desmembrar los tipos penales que abrigan la conducta antijurídica del justiciable. Para ellos el “concluya doctor” o “deme los presupuestos” es suficiente.

Los abogados dominicanos debemos ir aprendiendo que el lenguaje florido no libera a un imputado. Basta ver al abogado principal de la cabeza del pulpo haciendo elucubraciones socráticas que en nada ayudaron a su defendido. Este tipo de abogados parecen aviones gastando gasolina y haciendo círculos en el aire, pero que al final no aterrizan, y si lo hacen, es de manera aparatosa y forzosa.

Por último, esperamos que este caso llegue hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga, pero respetando el debido proceso de ley. La República Dominicana merece ir avanzado por los caminos de la no impunidad y perfilarse como un Estado con seguridad jurídica y de iguales oportunidades para todos. Si aparece algún pulpo más, atrápenlo. Recuerden que los pulpos expulsan tinta y escapan, así que tengan mucho cuidado, no vaya a ser que después de haberle cantado tres meses de prisión preventiva, encontremos al pulpo Alexis y sus tentáculos bañándose o surfeando en las gigantescas olas de Hawái.

Autora: Idalia Guerrero
Abogada experta en litigios penales
Máster en Ciencias Forenses y Medicina Legal Forense
Directora del proyecto forense Justicia Investigativa IG71
Correo: Justiciainvestigativaig71@gmail.com

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